Conoce el método: “Lo que se aprende jugando, no se puede enseñar de otra manera.”

Nuestra propuesta pedagógica sigue la filosofía Reggio Emilia y se basa en el aprendizaje a través del juego. Trabajamos por proyectos con el fin de acercar a los niños al mundo real y sensorial; cada uno de ellos se compone de varios talleres creativos que potencian los talentos naturales de los peques. Estos talleres favorecen la autonomía, la socialización, el lenguaje; las artes plásticas, la música, el canto, la danza y el teatro; el pensamiento lógico, la escritura y la lectura. Y evidentemente tienen como objetivos: despertar la curiosidad, la creatividad y un amor a largo plazo por el aprendizaje a través del juego creativo. 

La labor principal de nuestros docentes es la de facilitar el aprendizaje, ofrecer seguridad y apoyo durante el juego. 

10 BENEFICIOS que tiene nuestro MÉTODO:

  1. Alimentamos su curiosidad: A partir de un interés inicial del niño, le llevamos a profundizar y a interesarse por muchos más temas.
  2. Introducimos el asombro, la sorpresa y los detonantes en cada uno de nuestros talleres: Empezamos cada clase con un estímulo: una caja misteriosa encima de la mesa, construimos instalaciones que invitan a la exploración, una simple canción, o la proyección de una imagen impactante… Pasamos de lo predecible a lo inesperado.
  3. El juego favorece la creatividad y la autonomía del alumno: los niños utilizan el juego para hacer amigos, superar sus miedos, resolver sus problemas, también se valen de él para practicar y adquirir sus destrezas físicas e intelectuales.
  4. Propuesta pedagógica equilibrada: Misma importancia a las artes y a las humanidades que a las ciencias. Ninguna disciplina es más relevante que otra, y todas son necesarias para construir seres completos. 
  5. Ayudar a la resolución de trabajos en equipo, pero también de forma autónoma.
  6. Conocer y valorar nuestra propia cultura y respetar todas las demás: El uso de juegos interculturales y tradicionales nos ayuda a conocer otras formas de vida diferentes a las nuestras. (Obradoiro Xogos Tradicionais)
  7. ¡Despacio, por favor! Regresamos a un ritmo de enseñanza más sosegado, donde impera la calidad por encima de la cantidad. Cada alumno tiene un ritmo de aprendizaje y éste no se puede forzar. No todos aprendemos lo mismo al mismo tiempo y, desafortunadamente, no se entiende socialmente que algunos aprendan de otra manera o más despacio… por ese motivo zonificamos nuestros talleres para adaptarnos a los diferentes ritmos e intereses de los niños. Esta distribución también nos permite un mayor control y personalización de la enseñanza.
  8. Intervenimos, pero no interferimos: Si cada vez que intentas hacer algo, llega un adulto y lo hace por ti… ¿cómo aprenderías a afrontar la frustración? Nosotros fomentamos la persistencia de los niños dejando que hagan las cosas por sí mismos; es bueno que se equivoquen y no tenemos ninguna prisa por corregirlos.
  9. Hablamos inglés mientras jugamos y mientras comemos: Desarrollamos talleres de Juego simbólico y Teatro en inglés; una manera diferente de aprender vocabulario en los momentos cotidianos.
  10. No somos una prolongación de la escuela: la creatividad no se desenvuelve a base de fichas. Los padres apuntamos a nuestros niños/as a actividades extraescolares que los adultos consideramos primordiales para prepararles para el éxito y, lamentablemente, los mantenemos demasiado ocupados para jugar. Olvidamos que, a través del juego, los niños identifican sus intereses, habilidades y talentos mientras desarrollan la empatía y la cooperación.

Purrusquiños, con la pedagogía reggio emilia

Tan solo habían transcurrido seis días desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando las familias de una pequeña localidad italiana llamada Reggio Emilia decidieron que ellos mismos construirían y gestionarían la nueva escuela del pueblo. Les animaba una clara conciencia de que esta nueva escuela debía educar de una manera diferente, que evitara que algo así volviera a suceder. 

Era necesario, además, ayudar a sus hijos a superar las experiencias traumáticas que acababan de sufrir. Les acompañó en su aventura el pedagogo Loris Malaguzzi. Malaguzzi defendía que el niño posee múltiples maneras de comunicarse, cien lenguajes, de los que la educación elimina noventa y nueve. En Reggio, por el contrario, se procura que las diferentes formas expresivas puedan manifestarse, por lo que todas las escuelas cuentan con un taller. En él, los niños pueden encontrar pinturas, barro para modelar, cámaras fotográficas, una mesa de luz, un retroproyector… Un especialista en bellas artes es el responsable del taller; y el arte no es aquí una María, ni se concibe con un descanso entre actividades más serias, no. Los niños desarrollan así su sentido estético y entienden lo cotidiano desde la experiencia.  Si la escuela tradicional fomenta el predominio del hemisferio izquierdo del cerebro sobre el derecho aquí se busca un desarrollo armonioso de ambos.